La parte hoy conservada del Castillo del Rey fue destinada desde su construcción a la celebración de Cortes y recepciones oficiales. Las Cortes eran actos muy protocolarios y llenos de solemnidad que siempre convocaba el rey. También participaban en ellas los tres brazos o estamentos de la sociedad de aquel tiempo: el eclesiástico, el militar y el real, este último formado por los representantes de las villas y ciudades. En las Cortes se deliberaba sobre el buen estado de los territorios y se legislaba, pero por encima de todo se hablaba del financiamiento de la Corona de Aragón.
La Asamblea (posteriormente, Cortes) del año 1214 merece, sin embargo, una mención especial, dado que el protagonismo de aquella sesión se la llevó un infante de 6 años. De nombre Jaime, fue reconocido por catalanes y aragoneses como el nuevo rey. Más adelante sería conocido con el sobrenombre de Jaime I el Conquistador.
Del mismo modo que otros reyes, Jaime I concedió diferentes privilegios a la ciudad de Lleida, de los que cabe destacar el otorgamiento de la Feria de Sant Miquel en el año 1232 y la concesión de la Paeria (Ayuntamiento) en 1264, privilegio que otorgaba poder a los leridanos para gobernar su propia ciudad y los liberaba de las limitaciones feudales. El término “paer” proviene del latín “paciarium” y significa “hombre de paz”.